Telefónica ha desplegado una red de 17 minicentros de datos en España que cambia la arquitectura de la computación en la nube. En lugar de enviar información vía cable submarino hasta un servidor en Virginia para procesarla allí, los datos se quedan en tu ciudad, posiblemente en tu barrio.

Por qué es importante. Esta infraestructura de edge computing acerca capacidad de cómputo, almacenamiento e IA al usuario final. Reduce la latencia y mantiene el dato bajo la jurisdicción local, dos requisitos críticos para aplicaciones que exigen respuesta inmediata o que tienen cierta sensibilidad regulatoria.

La panorámica. La teleco ha activado ya diez nodos en ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla o Bilbao, y sumará otros siete antes de junio. En un plazo de cinco a siete años podría alcanzar el centenar de emplazamientos, todos ellos aprovechando centrales telefónicas en desuso por el apagado del cobre tras 140 años.

Cada nodo tiene entre 1 y 2 megavatios de potencia y está equipado con aceleradores NVIDIA para inferencia de IA. La red suma 3 MW agregados de arranque, ampliables según la demanda comercial.

El contexto. Las telecos europeas buscan desesperadamente nuevos modelos de negocio ante la ‘comoditización’ de la conectividad. Telefónica ha encontrado una forma de convertir infraestructura heredada en un nuevo producto que vender. Al fin y al cabo sus centrales ya tienen electricidad, fibra y conexión directa al núcleo 5G.

El proyecto recibió 93 millones de euros de fondos europeos. Orange, Deutsche Telekom, Telecom Italia y 4iG ya despliegan redes similares en sus países: Francia, Alemania, Italia y Hungría respectivamente.

Qué está ocurriendo. Telefónica no compite contra AWS, Azure o Google Cloud. Su apuesta es complementaria: resolver casos de uso que los grandes proveedores de nube no atienden del todo bien porque necesitan el procesamiento junto al usuario.

De hecho, negocia con esos mismos hiperescalares para que ofrezcan sus servicios sobre esta red distribuida. El objetivo es combinar conectividad, seguridad y computación en una suerte de ‘oferta premium’ para quien necesite latencia ultrabaja.

En detalle. La baja latencia es clave en aplicaciones de uso que no admiten demoras:

  • Análisis de vídeo en tiempo real.
  • Gestión de drones o flotas autónomas.
  • Gemelos digitales industriales.
  • Conducción asistida o autónoma.
  • Procesamiento de imágenes médicas.

Sí, pero. La pregunta es si hay suficiente demanda comercial para rentabilizar cien minicentros. Muchas aplicaciones funcionan perfectamente con la latencia de un centro de datos clásico.

El éxito del modelo depende de que se materialicen muchos grandes casos de uso  que requieran esa latencia ultrabaja. El coche autónomo sería el más obvio, pero su despliegue real en España no ha pasado todavía de un brote verde.

Y ahora qué. Los servicios comerciales arrancan en breve tras la fase de pruebas con clientes. El examen de verdad llegará cuando veamos si empresas e instituciones están dispuestas a pagar una prima por esa latencia ultrabaja.

  • Si funciona, Telefónica habrá encontrado una ingeniosa segunda vida para activos que parecían destinados al desguace o a Idealista.
  • Si no, será otro experimento fallido de las telecos por escapar del negocio de las tuberías de datos.

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Telefónica está convirtiendo sus centrales telefónicas en pequeños centros de datos: la nube tendrá una versión de barrio

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por
Javier Lacort

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