En todas las guerras modernas ha habido un momento en el que la tecnología acortó brutalmente la distancia entre el frente y la muerte. De hecho, ya ocurrió con la ametralladora en 1914 o con la artillería de precisión a finales del siglo XX. En Ucrania, todo apunta a que se está atravesando ahora ese mismo punto de inflexión, uno en el que el combate deja de ser profundo y maniobrable para volverse inmediato, constante y asfixiante.

Drones como arma dominante. Las cifras de la guerra de Ucrania han dejado meridianamente claro que los drones ya no son un complemento, sino la principal causa de muerte y destrucción, responsables de entre el 70% y el 80% de las bajas en ambos bandos según servicios de inteligencia europeos. 

Esta letalidad masiva ha transformado el conflicto en algo mucho más dinámico a nivel táctico, pero también más rígido en lo estratégico, porque la omnipresencia de drones hace extremadamente difícil que cualquiera de los dos ejércitos logre una ruptura decisiva del frente. El resultado es una guerra de desgaste en la que cada metro se paga caro y donde el equilibrio depende cada vez más del apoyo industrial, tecnológico y político exterior.

Guerra bajo los pies. En este contexto, los drones ucranianos están operando a distancias que hace apenas un año habrían parecido absurdas, atacando a infantería rusa a poco más de un kilómetro del frente, literalmente y como reconocían los mandos en Insider, “bajo los pies” de sus propias posiciones. 

El uso de unidades de élite de drones para golpear tan cerca refleja la presión extrema sobre las líneas defensivas y la necesidad de frenar asaltos rusos antes de que alcancen las trincheras, uno de los escenarios más letales para los soldados ucranianos. La guerra aérea a baja cota se ha convertido así en una extensión directa del combate cuerpo a cuerpo, con drones actuando como última barrera antes del contacto humano.

Combate kamikaze. Es una guerra, y la ideal doctrinal sigue siendo destruir al enemigo a varios kilómetros de distancia, cuando se concentra o se prepara para atacar, pero la realidad del frente ha empujado a Ucrania a emplear sus mejores operadores en tareas de supresión inmediata

Cada vez más drones de combate se dedican a atacar infantería en lugar de logística o sistemas de alto valor, una señal muy clara de que el combate se ha vuelto más corto, más reactivo y cercano al sacrificio. Esta deriva hacia una lógica casi kamikaze no responde a una preferencia táctica, sino a la necesidad urgente de salvar posiciones y ganar tiempo.

Rusia se adapta. Al mismo tiempo y como hemos contado, Rusia ha ido cerrando la brecha en la guerra de drones desde finales de 2024, adaptándose rápidamente y apostando por la producción masiva y la captación de talento técnico. 

Los planes para fabricar decenas de miles de drones al año y la búsqueda activa de estudiantes con perfiles tecnológicos muestran que Moscú asume que el dominio del aire a muy baja altura es clave para sostener su ofensiva terrestre. Esta adaptación explica por qué el frente se ha vuelto tan letal y comprimido, con ambos bandos obligados a operar bajo una amenaza constante desde el cielo.

Una cuestión de distancia. Con el avance del siglo XX, la evolución militar estuvo marcada por el alargamiento del campo de batalla: las mejoras en aviación, los misiles y las armas de precisión permitieron golpear al enemigo cada vez más lejos, reduciendo la necesidad del contacto directo. 

Sin embargo, la guerra de Ucrania está invirtiendo esa lógica, porque los drones, baratos y en todos lados, han comprimido el combate hasta distancias inimaginables. El resultado es otra paradoja histórica: nunca hubo tanta capacidad para destruir a larga distancia, pero nunca había sido tan peligroso estar tan cerca del frente, con máquinas voladoras que convierten cada metro avanzado en un riesgo inmediato.

Guerra bloqueada por la tecnología. En definitiva, la enorme eficacia de los drones está haciendo la guerra, si cabe, un poco más sangrienta, aunque menos decisiva. La saturación del campo de batalla con sensores y municiones voladoras castiga cualquier movimiento y reduce las opciones de maniobra estratégica, convirtiendo el conflicto en una lucha prolongada donde la resistencia industrial y el respaldo occidental pesan más que las victorias tácticas locales. 

En este escenario, Ucrania combate cada vez más cerca, cada vez más rápido y, lo más inquietante de todo, cada vez con menos margen de error, en una batalla donde la distancia entre vivir y morir se mide ya en segundos y en metros.

Imagen | Ministry of Defense of Ukraine, National Police of Ukraine

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«Están bajo nuestros pies»: Ucrania ha entrado en una fase inexplicable, la de sus drones atacando rusos a distancias absurdas

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Xataka

por
Miguel Jorge

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