Situado en la provincia de Sichuan, a escasos 300 kilómetros de Chengdu, el glaciar Dagu ofrece paisajes tan fabulosos que todos los años recibe varios cientos de miles de turistas. Llegan de otras partes del país o del planeta para disfrutar de la nieve y las vistas desde su teleférico. Para los científicos Dagu es sin embargo algo más que un paraíso albo. En su opinión se parece más bien a un «enfermo terminal», un paciente al que deben cuidar para evitar (o al menos retrasar) el desenlace fatal: la lenta e imparable pérdida de hielo por el cambio climático.
Con ese propósito un grupo de investigadores chinos ha tenido una idea cuanto menos curiosa: ‘arropar’ parte del glaciar con una gigantesca manta.
Un paraíso amenazado. Dagu es más que un glaciar de la meseta tibetana plagado de paisajes instagrameables. Es también una pieza fundamental en la economía de la región. La enorme masa de hielo atrae a más de 200.000 turistas al año, lo que mantiene en pie una industria que da empleo a miles de personas, y su deshielo abastece a las poblaciones de agua potable e incluso energía gracias a la generación hidroeléctrica. Ni lo uno ni lo otro ha impedido que los científicos se refieran a Dagu como un «glaciar moribundo» o «un paciente terminal».
Así, de una forma tan desgarradora, lo definía hace unos meses Wang Feiteng, experto en glaciares y miembro de la Academia China de Ciencias (CAS).
¿Tan grave es su estado? Los datos desde luego no son halagüeños. En un artículo publicado en 2025 el organismo chino recuerda que desde los años 60 su hielo se ha «fragmentado en restos dispersos» y la superficie congelada del glacial se ha reducido de forma más que notable. Y la tendencia no parece suavizarse.
«Durante los últimos cuatro años el extremo terminal retrocedió otros 20 metros», advierten desde la academia, que insiste en que si nada frena el proceso la situación del glaciar será crítica e irreversible a finales de esta misma década. «Sin una intervención urgente, el glaciar Dagu desaparecerá en 2029».
Más allá de Dagu. La academia china no es la única en advertir de la degradación del entorno. En 2003 Bloomberg le dedicó una crónica en la que ya señalaba que solo en el último medio siglo el glaciar ha perdido más del 70% de su hielo. Sobre el motivo, los investigadores tienen pocas dudas: el retroceso de la masa de hielo se explica por el clima y el aumento de las temperaturas.
El problema en realidad es mucho mayor. Dagu quizás sea uno de los más vulnerables, pero China tiene otros muchos glaciares repartidos por su vasta geografía. Muchísimos. Se calcula que unos 69.000, la décima parte de la masa glaciar de todo planeta. Y solo entre 2008 y 2020 su superficie helada retrocedió cerca de un 6%. Si ampliamos la perspectiva, desde los 60 se achicó un 26%.
Una manta para el enfermo. La situación de Dagu quizás sea crítica, pero… «Como médico, ¿puede uno simplemente alejarse?», se pregunta Wang Feiteng. Convencido de que la respuesta es ‘no’ hace unos años él y sus colegas decidieron aplicar una estrategia llamativa en el glaciar tibetano. Se dedican a cubrir parte de su superficie helada con una manta que la protege (al menos en parte) de los efectos del calentamiento global, ralentizando la pérdida de hielo. Tal vez suene extraño, pero la clave está en las propiedades físicas de esa ‘colcha protectora’.
Lo que usan son «mantas glaciares», capas que destacan por su capacidad reflectante u proporcionan aislamiento térmico, minimizan la absorción de radiación de onda corta y mejoran el albedo del glaciar, es decir, la proporción de radiación solar reflejada. ¿El resultado? Una menor pérdida de hielo.
La técnica no es exactamente nueva. Se inspira en lo que llevan ya décadas haciendo las estaciones de esquí de Austria o Suiza para proteger la nieve, aunque sí cambia el enfoque. La idea se puso en práctica en Dagu en 2020 con seis rollos de tela blanca que cubrieron un área seleccionada de alrededor de 500 m2.
¿Y funciona? Eso parece. El programa ha sido lo suficientemente atractivo como para llamar la atención de la UNESCO, que hace un año publicó un artículo de los profesores Kang Shichang y Du Wentao, ambos ligados a la CAS, en el que se desgranan algunos resultados del experimento. Para empezar, los expertos han comprobado que la tasa de derretimiento en el área cubierta por la manta glaciar se redujo un 34% entre 2020 y 2021. «Incluso un año después de retirar la tela la zona se derritió un 15% más lento debido al hielo extra», aclaran desde la CAS.
Los científicos no se limitaron a Dagu. En un intento por ir más allá emplearon «nanomateriales más avanzados» para cubrir una sección del glaciar Ürümqi, en las montañas Tian Shan. Gracias al uso de nanofibras los investigadores aseguran que han conseguidor educir la tasa de derretimiento hasta un 70% en verano.
La clave está en un nuevo material que, según reivindica un equipo de la Universidad de Nanjing, es capaz de reflejar más del 93% de la luz solar y disipa el calor al que se ven expuesto los glaciares, reduciendo la pérdida de hielo.
No todo son ventajas. Los resultados son esperanzadores, pero dejan botando algunas preguntas y también tiene limitaciones, como reconocen Kang Schichang y Du Wentao: «La cobertura de glaciares con mantas se ha aplicado sobre todo en glaciares pequeños enfocados en el turismo y al borde de la desaparición. Si bien se ha demostrado eficaz para frenar su retroceso, presenta riesgos ambientales, altos costes y solo puede aplicarse en entornos pequeños. El retroceso a gran escalada de los glaciares no puede abordarse solo usando nanomateriales».
La propia academia china reconoce que Dagu es «un caso atípico», ya a que a diferencia de la mayoría de los glaciares de China, remotos y de difícil acceso, este «se encuentra en el centro de un destino turístico urbanizado, que dispone de electricidad y acceso al agua todo el año». Eso es importante por varias razones.
Primero, porque ha generado una infraestructura que facilita desplegar programas como el de las mantas o el uso de nieve artificial, otra de la estrategias usadas para reforzar el hielo en la montaña. Segundo, porque el turismo ayuda a generar los fondos para costear las pruebas o el uso de las mantas. Las pruebas con las mantas han tenido también el respaldo de la empresa Tencet.
La auténtica solución. Las ‘capas glaciares’ quizás reduzcan la pérdida de nieve entre un 50 y 70%, pero hay estudios que advierten también de sus costes, que van más allá de la inversión que requiere desplegar las mantas sobre cientos de metros cuadrados. Los propios materiales emplean químicos y materiales que podrían dañar los ecosistemas locales o afectar a la calidad del agua.
«Es una excelente solución para combatir de forma local los efectos del cambio climático», señala a Bloomberg Matthias Huss, de la ETH de Zúrich, para quien la solución está «muy clara»: «Salvar el clima». No es el único que opina así.
Imágenes | Tencet
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La noticia
China quiere proteger a toda costa sus glaciares más turísticos. Así que los está cubriendo con enormes mantas
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
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