Hace frío pero brilla el sol. 

Hemos aparcado a unos metros, lo justo para disfrutar de esa contradictoria y placentera sensación de abrocharte el abrigo hasta arriba dejando que el sol te acaricie la cara. Casi que me alegro cuando mi compañero me pide que espere, que necesita grabar un par de planos con el teléfono móvil. 

Paseo por la puerta antes de entrar, miro a mi alrededor y veo el mismo ajetreo tranquilo de siempre. Ya he estado en el Tesla Center de Fuenlabrada (Madrid). Es allí donde recogemos los coches de prensa que luego probamos. Es allí donde Tesla centraliza las revisiones y reparaciones de sus coches. También las entregas de sus coches y la atención al cliente. Eléctricos de todo tipo paran a enchufarse en sus supercargadores. No es raro ver a un taxi o VTC haciendo algo de tiempo mientras las baterías se ponen las pilas. 

Entramos y casi al instante nos recibe la responsable de prensa en un hall donde hay espacio para la atención de los clientes, un Tesla Model Y y un Model 3 de exposición. Un robot Optimus y unas estanterías con el particular merchandising de la empresa. «Podéis tomar un café si queréis antes de que salgamos». 

Damos las gracias y lo rechazamos. 

Hay poco tiempo que perder. 

Somos los primeros que hemos llegado a las instalaciones de la firma estadounidense al sur de Madrid. A lo largo del día llegarán más compañeros de prensa. Hoy se da el pistoletazo de salida para que los clientes y los curiosos puedan sentarse como pasajeros en un coche conducido por el sistema FSD (Full Self Driving, por sus siglas en inglés). Nosotros lo probamos el pasado viernes 23 de enero, pero no os lo hemos podido contar hasta ahora. 

Aclarando conceptos de conducción semiautónoma

Un puñado de minutos más tarde, baja nuestro «conductor». Es uno de los técnicos de Tesla, quien se sentará en la posición del conductor pero no tocará el volante en todo el recorrido. Es una obligatoriedad en estas pruebas que Tesla está realizando en España desde hoy y hasta el próximo 31 de marzo. ¿Pensando en apuntarte? Lo siento mucho, desde que se lanzara el comunicado el pasado jueves están todas las plazas cogidas. «Se llenó en dos horas», nos cuentan desde la compañía. 

Es una muestra del interés que hay por el sistema. Es, hasta ahora y para un turismo, el sistema de conducción semiautónoma más avanzado de la empresa. Desde 2021, el FSD está abierto en mercados como Estados Unidos, Canadá, China, México y Nueva Zelanda, pero sigue pendiente de aprobación en Europa. 

El objetivo no ha variado en los últimos meses y desde la compañía nos insisten: «principios de 2026». Esa es el plazo temporal en el que esperan que los reguladores de la Unión Europea den el visto bueno a su sistema. De momento, todo lo que hay son pruebas (en España llevan activas de manera interna desde el pasado mes de noviembre) cuyos vídeos están siendo promocionados por Tesla para mostrar las bondades del sistema y poner más presión sobre la mesa. París, Roma… y Madrid. El propio Elon Musk está haciendo campaña en X

Solo Ford tiene listo un sistema en Europa que permite viajar sin tener las manos en el volante

Sin embargo, hasta ahora, solo hay dos sistemas aprobados para coches cuyos pasajeros pueden circular sin manos al volante en la Unión Europea. 

Uno de ellos es Mercedes cuyo Drive Pilot permite que el conductor pueda operar sin manos en el volante e, incluso, sin mantener la atención en al carretera. Pero esto solo es posible en vías mapeadas previamente, en buenas condiciones meteorológicas y solo hasta un máximo de 60 km/h. Es decir, queda restringido a una situación de tráfico muy denso en una autopista previamente seleccionada. 

El segundo, y más práctico en el día a día, es el de Ford. La empresa estadounidense tiene miles y miles de carreteras mapeadas por Europa para su sistema BlueCruise. Con él se puede circular sin manos pero manteniendo la mirada en la carretera, siempre atento por si es necesario tomar los mandos. 

Tesla, sin embargo, quiere ir un paso más allá. Su Full Self Driving es un sistema cuyo objetivo último es que el coche circule de manera completamente autónoma. La intención final es que el «conductor» seleccione el destino en el navegador y el coche se encargue de todo sin que la persona deba permanecer atento a lo que sucede a su alrededor. Es decir, contar con nuestro propio robotaxi. 

De momento, lo que está aprobado allí donde está disponible es una suerte de BlueCruise de Ford evolucionado. Sin la aprobación para el objetivo final, Tesla tiene activo el FSD (Supervised). Es decir, el coche circula solo y toma las riendas pero el sistema está «supervisado» por el conductor al que se le exige que pueda tomar los mandos en cualquier momento. Por eso no podemos mirar el móvil mientras conducimos, por ejemplo. 

La diferencia con el sistema de sus compatriotas es que el FSD está pensado para moverse más allá de carreteras mapeadas. El FSD quiere que nos movamos por la ciudad sin manos, que callejear con las manos fuera del volante. Y es ahí donde, es posible, reside gran parte de las disputas entre la Unión Europea y Tesla.

Un paseo de lo más humano

«Tengo ganas de probarlo. Lo he intentado con el Autopilot, buscando los límites y no ha funcionado especialmente bien», les explico a los responsables de Tesla. 

Ahora mismo, el cliente de un Tesla se lleva el sistema Autopilot básico de serie que incluye el control de crucero adaptativo. Por 3.800 euros puede ampliar sus funciones para la asistencia de carril, convocar al coche (con funciones reducidas respecto a Estados Unidos) y aparcar de manera autónoma. Por 7.500 euros puede añadir ya el FSD y disfrutarlo por completo cuando esté activo. De momento, tiene en cuenta los semáforos y las señales de Stop. 

En nuestras pruebas, Tesla deja coches con este último equipamiento y en Xataka hemos probado a activar este Autopilot en el centro de Madrid, con malos resultados. En carretera, el sistema es consistente y ofrece un resultado muy bueno en líneas generales pero en los últimos años se ha visto algo superado por algunos sistemas de la competencia. Ahora mismo, creo que la conducción semiautónoma de BMW está por delante.

Por eso quería ver qué aporta este FSD. 

Hechas las presentaciones, subimos a la parte superior del Tesla Center y allí nos espera un Tesla Model 3 exactamente igual que cualquier otro. Solo una pegatina de la DGT delata al coche como una mula de pruebas para testar estos sistemas de ayuda a la conducción. 

Pegatina de la DGT para pruebas de vehículos autónomos

Nos sentamos. Detrás del volante irá un técnico de Tesla, como obliga la normativa mientras el sistema no esté aprobado. Pone la ruta y nos avisa de que está allí para tomar el mando pero que no debería tocar el volante en ningún caso hasta nuestra llegada. 

Pisa el freno, señala la D en la pantalla y nos movemos. 

Nuestro conductor mantiene las manos en el regazo en todo momento. El coche se dispone a bajar una rampa. Dobla a la izquierda y vuelve a doblar a la izquierda. «No, no está mapeada esta zona», nos aseguran en esos primeros metros dentro del recinto privado. El coche se asoma con precaución a la calle y toma la salida a la derecha. 

No pasan 300 metros cuando llega la primera sorpresa. Resalto y el coche que frena solo. Pasa el obstáculo sin incomodar a los pasajeros, ha frenado con suavidad y acelera de nuevo con suavidad. Sus movimientos son más fluidos y menos robotizados que los del Autopilot cuando llega a la primera rotonda. Frena, deja pasar a un coche que circula por el interior y se incorpora. 

El vehículo de delante (un Tesla Model S, curiosamente) se come el arcén, nosotros no

Nuestra ruta nace en las afueras de Fuenlabrada y pronto salimos a la carretera. De nuevo, el coche sorprende por su soltura. Entiende el tráfico a la perfección y no peca de ser excesivamente conservador como sucede en otras ocasiones con estos sistemas de conducción semiautomatizada. No duda, toma las decisiones correctas en cada momento. 

Podíamos esperar un buen funcionamiento en carretera pero era más complicado de imaginar en el centro de Leganés. Esta población que linda con Fuenlabrada es bien conocida entre los madrileños por sus rotondas. Conozco el camino y sé que nos dirigimos al centro del municipio. Soy consciente de que en la compañía están seguros de sí mismos, estamos callejeando por zonas estrechas donde los pasos de cebra obligan a ir con mil ojos. Y de repente un «mira, yo a ese peatón no le había visto». 

La naturalidad con la que entra en las rotondas, se incorpora a las calles y fluye entre el tráfico empalidece el funcionamiento del Autopilot. Doble punto positivo cuando encuentra hueco entre dos autobuses interurbanos, cada uno recogiendo pasajeros a cada lado de la calle. Los supera con sorprendente suficiencia, deslizándose entre ambos vehículos a una velocidad adecuada, suficiente para frenar de emergencia si un peatón saliera detrás de uno de esos autobuses.

El trayecto llega a su fin y, encontrado el destino, se frena a la derecha. Al instante, el FSD se desactiva con el vehículo parado y pide al conductor con un aviso luminoso y otro sonoro que tome el mando. Si hubiera un hueco para estacionar le podría sugerir que aparcara sin intervención humana. 

Tomamos el camino de vuelta y el resultado es tan satisfactorio con la idea. Sólo en una ocasión pide al conductor que tome los mandos. El sol ha incidido de tal manera que ha deslumbrado a las cámaras. Pese a ello, los movimientos son suaves y su «apagado» no se produce de forma brusca. Apenas nos hemos enterado de ello si no fuera porque como pasajeros, precisamente, vamos comentando el paseo.

Con todo, nos sentimos seguros. La conversación, de hecho, da paso a otros temas y ya no hablamos solo del fluir del coche. Estamos seguros de que vamos a llegar sin sobresaltos. 

El coche solventa sin problemas la apertura de puertas por sorpresa de un coche estacionado. Ya está avanzando el giro incluso antes de ser superado por el coche que circula en sentido contrario

La demostración ha sido un éxito. Hemos callejado por espacios realmente estrechos y el coche no sólo se ha comportado como un conductor, también lo ha hecho con la seguridad y el conservadurismo justo del mejor conductor. Ha frenado para pasar resaltos, se ha movido dentro de los límites de velocidad máximos permitidos, se ha aproximado a los pasos de peatones más incómodos de forma conservadora. 

¿Veremos el FSD aprobado en Europa? El mensaje desde Tesla es invariable: «principios de 2026». Esa es su hoja de ruta y en la que inciden. Pero de momento, los reguladores europeos se han mostrado inflexibles. 

Allí donde está activo, el sistema nos ha dejado muchas luces y alguna sombra que sortear. Si funciona con tanta solvencia es porque está entrenada con redes neuronales que aprende de los conductores que ya están en la calle. Utiliza las cámaras de su propia flota para enseñar a un sistema que no depende tanto de comandos de programación picados uno a uno. El FSD imita el comportamiento de un humano.

Y eso ha generado algunas situaciones curiosas. Por ejemplo, se detectaba que sus robotaxis frenaban cuando veían un coche de policía. O se ha visto vehículos que se saltaban líneas continuas y así evitaban la cola de vehículos que esperaban en una intersección. Pero, a cambio, hay muchas luces como que el servicio de robotaxis sobrevivió al reciente apagón de San Francisco meses atrás, demostrando sus virtudes y que está un paso por delante de los vehículos de Waymo cuyos vehículos eran incapaces de comprender qué estaba pasando y cómo debían actuar. 

Si lo veremos en Europa y cuándo lo veremos es algo que solo el tiempo nos lo dirá. Por nuestra parte, sí podemos decir que en nuestra prueba, el sistema se ha mostrado de lo más seguro y fiable. Pero es nuestra prueba y, como decía mi compañero Javier Lacort en Loop Infinito, el reto de estos sistemas está en el 1% de las situaciones.

Porque ya sabemos que funciona correctamente en el restante 99%. 

Fotos | Xataka

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La noticia

He probado el sistema de conducción semiautónoma más avanzado de Tesla y he salido de dudas: es el mejor que he visto

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Alberto de la Torre

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