A lo largo de la historia, los ejércitos siempre han observado la naturaleza para aprender a cazar, defenderse y coordinarse mejor, desde la forma de atacar en grupo hasta la selección del enemigo más débil. Hoy, esa vieja tradición militar vuelve a cobrar sentido en un contexto radicalmente distinto, uno marcado por algoritmos, máquinas autónomas y una nueva carrera tecnológica que recuerda a otros grandes saltos bélicos del pasado.

La IA como eje del combate. En este escenario aparece China, que está impulsando de forma sistemática el uso de inteligencia artificial en el ámbito militar, especialmente en enjambres de drones y sistemas autónomos capaces de operar con escasa o prácticamente nula intervención humana

Contaba el Wall Street Journal esta semana que tienen en su poder patentes, artículos académicos y documentos de contratación que muestran que el Ejército Popular de Liberación ve la guerra futura como un entorno dominado por algoritmos, donde los enjambres sustituyen a las plataformas individuales y la masa de sistemas baratos puede saturar defensas, atacar objetivos y resistir la guerra electrónica. La experiencia de Ucrania refuerza esta visión al demostrar que los drones ya son decisivos y que la autonomía resulta cada vez más valiosa cuando el control humano se degrada.

Aprender de animales. Para resolver cómo coordinar enjambres en tiempo real, los investigadores chinos están modelando algoritmos inspirados en el comportamiento animal. Por ejemplo, en un experimento desarrollado en la Universidad de Beihang, drones defensivos entrenados como “halcones” aprendieron a identificar y destruir los objetivos más vulnerables, mientras drones atacantes imitaban a “palomas” para esquivar amenazas.

En una simulación de cinco contra cinco, los defensores eliminaron a todos los atacantes en apenas 5,3 segundos. Más allá del éxito de los resultados, el interés estaba en el método: adaptar reglas de caza, huida y cooperación animal a escenarios de combate realistas, donde los drones vuelan, maniobran y toman decisiones bajo presión.

Producción masiva. La apuesta china combina estos avances algorítmicos con una ventaja industrial clara: fábricas capaces de producir cientos de miles o millones de drones baratos al año. Esto permite pensar en enjambres como arma principal y no como complemento, algo mucho más difícil para, por ejemplo, Estados Unidos, que produce menos drones y a un coste mucho mayor. 

Sistemas como lanzadores móviles de decenas de drones, modelos nodriza capaces de liberar enjambres en vuelo o incluso “lobos robot” armados muestran una doctrina orientada a la cantidad coordinada, no a la exquisitez tecnológica individual.

Control centralizado. El atractivo de la autonomía también refleja una desconfianza estructural en la capacidad de los mandos intermedios chinos, un problema reconocido desde hace años por la propia cúpula política y militar. Los enjambres controlados por algoritmos encajan mejor con una cultura de mando centralizada, donde las decisiones se diseñan desde arriba y se ejecutan sin improvisación. 

Para Pekín, la IA ofrece una forma de compensar la falta de experiencia de combate real y reducir la dependencia de comandantes humanos en situaciones caóticas.

Un soldado, 200 drones. A esta línea de desarrollo se suma la capacidad de despliegue masivo que el Ejército Popular de Liberación ha empezado a exhibir públicamente, con pruebas en las que un solo operador es capaz de supervisar enjambres de más de 200 drones lanzados en muy poco tiempo. En imágenes y datos difundidos por la televisión estatal china, los drones, entrenados mediante simulaciones y vuelos reales, son capaces de volar en formaciones precisas, repartirse tareas de reconocimiento, distracción y ataque, y cambiar de función sobre la marcha gracias a algoritmos autónomos que les permiten “negociar” entre ellos sin órdenes humanas constantes. 

El mensaje implícito es claro: China no solo investiga cómo hacer más inteligentes a los enjambres, sino cómo ponerlos en el aire a gran escala con muy poco personal, un multiplicador de fuerza que refuerza su apuesta por la cantidad coordinada como rasgo central de su doctrina futura.

De fondo, Taiwán. Por su puesto, el enfoque no está exento de riesgos: los sistemas pueden fallar en condiciones reales, ser neutralizados por contramedidas o, en el extremo opuesto, tomar decisiones letales difíciles de explicar o controlar. 

Aun así, contaba el WSJ que los documentos y análisis sugieren que uno de los escenarios más probables para el uso de esos enjambres chinos sería un conflicto en torno a Taiwán, donde podrían emplearse para saturar defensas aéreas, localizar objetivos y facilitar ataques posteriores. El resultado es una carrera peligrosa, en la que China parece avanzar rápido pese a las incertidumbres, acercando un tipo de guerra que hasta hace poco parecía pura ciencia ficción.

Imagen | USFWS Mountain-Prairie, 日本防衛省・統合幕僚監部

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La noticia

200 drones en manos de un solo soldado: China está avanzando muy rápido en un tipo de guerra que parecía ciencia ficción

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Xataka

por
Miguel Jorge

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